Meera M. Zaroor

El relat de la Meera que va deixar en silenci a tota la clase

Meera M. ZaroorLa Meera M. Zaroor té 18 anys i és d’Homs, Síria. Fa tres anys que viu a Barcelona. Estudia primer de batxillerat científic i vol fer medicina per treballar a un camp de refugiats o a alguna ONG. De petita, al seu país, aprenia a tocar el piano i a jugar a tenis, de forma professional. Totes dues coses les va haver de deixar quan va començar la guerra, de la qual encara se’n recorda. Tenia onze anys quan, en mig d’una classe, van començar a caure bombes. Ho recorda perfectament i no ho vol oblidar. De fet, de tant en tant llegeix històries de guerra que acaben bé per aconseguir creure que tot això que està passant al seu país algun dia pararà. A Barcelona ha tornat a fer classes de piano i cuida a una nena petita. És una bona estudiant i l’any passat va treure la millor nota de català de la seva classe.

El que llegireu a continuació és un relat que va escriure la Meera com a exercici de classe. Explica el testimoni d’una noia refugiada que va conèixer fa un temps. Els professors van valorar l’exercici amb un excel·lent i els seus companys encara ara recorden aquesta crua història.

 

Hola , me llamo Salma. Tengo dieciséis años y soy de Siria.Y éste es mi diario. Desearía que hoy fuese un día normal. Desearía estar sentada en mi habitación ahora mismo escribiendo mi diario, mientras mi familia está viendo la televisión y mis hermanos discuten sobre quién va a coger el coche de mi padre. Pero no es verdad. Ésta es mi peor pesadilla.

Dejé a mi familia. ¿Por qué? Porque a mi padre lo arrestaron. Mis hermanos están luchando con  el Ejército Libre de Siria. Por supuesto, ahora vas a preguntarme dónde está mi madre. Mi madre murió delante de mí mientras nos íbamos a la frontera.

Yo realmente no puedo sentir nada, hay más de quinientas personas a mi alrededor en este momento. No puedo sentir mis pies, no puedo respirar; pero yo sigo viva, pese a las cosas que vi.

En este momento hay un chico sentado a mi lado, se le ve con tanto miedo. Realmente no me gusta ver a alguien que tiene miedo, y él parece que está a punto de llorar.

– Hola, ¿Cómo te llamas? le dije.

Me miró. Parecía más joven que yo.

– Ho..la , soy Ibrahim ¿y..y  tú?

– Soy Salma. Encantada de conocerte –Le dije mientras le daba la mano. Tal vez así se sentiría mejor.

– ¿De donde eres? -Dije

– Soy de Mali, ¿y tú? –Dijo

– Soy de Siria, ¿Dónde está tu familia? –Dije

– N...No sé, estoy muy asustado. –Dijo. Y rompió a llorar.

Realmente siento pena por él, así que le doy un abrazo rápido. “No te preocupes, cariño”, le dije. Aquí empezamos a hablar de su vida: su padre dejó a su madre. Ella cuida de sus dos hermanas y él, que es el hermano menor.  Siento que tengo que cuidar a él. Tal vez porque es más joven que yo, tal vez porque me recuerda a mi primita, a la que solía cuidar a él cuando vivía en Siria. Empecé a hacerle algunas bromas para que se relajase y se sintiese mejor.

Mientras estábamos hablando, empezó a hacer mucho viento y empezamos a sentir como algunas olas muy grandes rompían contra el casco del barco. Algunas personas comenzaron a llorar y otros empezaron a gritar. En ese momento no podía saber qué debía sentir, o qué debía hacer. Todo lo que hice fue mantener a Ibrahim en mis brazos y susurrarle al oído palabras hermosas para que se sintiese mejor y se relajase. Comenzó a llorar. Yo también quería llorar, pero yo no podía llorar delante de él.

Las olas se volvieron cada vez más grandes, y rompían contra el barco cada vez con más fuerza. Algunas personas empezaron a empujar a otras fuera de el barco, quizá porque tenían miedo. Ahí fue cuando un hombre se acercó y me quitó a Ibrahim de los brazos. En ese momento sentí como si me arrancara el corazón del pecho.

Le llamé a gritos, e Ibrahim empezó a gritar mi nombre. Corrí  tras él, aunque había un montón de gente en medio, y traté de apartarlos para poder llegar hasta él, pero en ese momento las olas comenzaron a mecer el barco y más de ciento cincuenta personas cayeron por la borda. El hombre que me arrebató a Ibrahim también cayó llevándoselo con él. Empecé a gritar su nombre.

Gritó mi nombre. Estaba temblando en el agua. No sabía nadar. Lo peor de todo es que yo tampoco. Corrí hasta el costado del barco para ayudarlo, pero no podia. Ya estaba lejos.

Había un montón de gente gritando para intentar ayudarlos, y al mismo tiempo había gente tratando de maniobrar el barco para escapar de las olas. No podía dejarle. Tenía que ayudarle: era un niño y su vida para mí era tan importante como la mía. Empecé a sacar unas cuerdas que me encontré, las anudé a un extremo del barco y las lancé al agua para que pudiese cogerlas, pero cuando levanté la vista no podía encontrar a Ibrahim.

No podía ser verdad. Grité su nombre, pero no respondía nadie. Todos se habían ahogado.

El barco continuó su viaje, acercándose a Italia, supongo, y no podía pensar en otra cosa. No pude controlarme y rompí a llorar. Lloré por Ibrahim, lloré por mi vida, lloré por mi madre,  lloré por echar de menos a mis hermanos, y lloré porque no sabía nada de mi familia. En este momento apareció un barco cerca del nuestro, y vi aviones que nos sobre volaban.

Algunas personas se nos acercaron vestidos con  ropa de color naranja, y ahí perdí el sentido y me desmayé. Oí personas hablando un lenguaje extraño, que me cogieron en sus brazos, y entonces todo se volvió oscuro. Cuando me desperté, estaba durmiendo en una cama  vestida de blanco. Creo que estaba en un hospital, y había unos médicos que me rodeaban.

Intenté  hablar en Inglés con ellos,porque yo no sabía dónde estaba.

“Excuse me, can you tell me where am I? (Disculpe, ¿Puede decirme dónde estoy?)”

Un médico me dijo: “Estás en Italia, cariño”.

En este momento dos policías vinieron y me hicieron preguntas sobre todo lo que pasó en el barco. Les contesté con sinceridad.

Dos días después de quedarme en el hospital y después de todas las pruebas que hicieron (llegué a pensar que era un ratón y que me usaban para experimentar) me llevaron al terapeuta para que yo pudiera hablar con ella sobre mi vida. Eso tal vez podría ayudarme. Yo realmente no quería hablar de mi vida, porque la odio.

La terapeuta se llama Laura. Es hermosa y tiene 35 años. Me sentía cómoda hablando con ella, pero me temía que no entendiese por lo que había pasado. Pero después de todo, le conté mi historia. Yo estudiaba un grado medio de auxiliar de farmacia. Como solía estudiar mucho sacaba muy buenas notas. Mi padre era profesor de matemáticas y mi madre era profesora de física en la universidad. En cuanto a mis hermanos, uno de ellos estudiaba arquitectura y el otro era médico.

Comenzó la guerra y al principio no nos afectó, pero luego algo cambió toda nuestra vida: se llevaron detenido a mi hermano porque pensaban que estaba ayudando a los terroristas, que es como llaman al Ejército Libre de Siria. Le torturaron con electricidad. Usaron todas las técnicas posibles para hacerle sufrir, y le dejaron ir una semana después. Tuvimos que pagar mil dólares para que le liberaran.

Después de eso, mis hermanos lo dejaron todo y se unieron al Ejército Libre de Siria, por lo que hicieron hecho a mi hermano, y porque no podíamos expresarnos libremente. Empecé a ir con mis amigos a las manifestaciones. ¿Por qué? Porque estábamos pidiendo libertad de expresión y el derecho a expresar una propia opinión, entre otras muchas más cosas.

Al principio empezaron a lanzar bombas sobre nosotros mientras estábamos exigiendo nuestros derechos, e incluso se llevaron personas que aún hoy continúan desaparecidas. Después las cosas se pusieron peor:  empezaron a dispararnos en la calle, y comenzaron a lanzar misiles capaces de destruir montañas. Cayeron sobre nosotros porque pedíamos libertad.

Vi a mis amigos morir delante de mí mientras yo estaba sangrando. Me salvé pero no podían salvar a mis amigos. A veces nos despertábamos con la explosión de un misil que impactaba contra un edificio que tenía personas dentro. Pero eso no fue lo peor. 

Un día entraron en nuestra casa y trataron de violar a mi madre delante de mi padre y de mí. Robaron y destrozaron todas nuestras pertenencias. Incluso golpearon a mi padre delante de nosotros. Mientras lo hacían, nos preguntaban “¿Queréis libertad? ¡Os vamos a dar libertad!

¿Qué es la libertad para ellos? Tenía quince años cuando todo esto sucedió y lo peor fue  cuando uno de ellos se acercó a mí y comenzó a quitarme la ropa delante de mi familia hasta que mis hermanos se abalanzaron sobre él. Mis hermanos le mataron delante de mis ojos. Su sangre me salpicó.

En este momento la terapeuta me pidió que parara y se puso a llorar. Ella se acercó y me abrazó, y me dijo que a partir de ahora todo iba a ir bien. Tenía muchas ganas de creerle, pero después de todo lo que pasó, todo lo que vi, no puedo creerle.

Pero, ¿Sabes qué? Que todo ha ido mejor. Ahora mismo tengo un título de auxiliar de farmacia y todavía estoy en Italia. La terapeuta que me ayudaba finalmente me acogió. A veces hablo con mis hermanos. Están bien. Todavía están luchando contra el presidente. Yo realmente no sé lo que está sucediendo en este momento en Siria , porque parece que todo el mundo está luchando allí.

Mi padre murió mientras lo torturaban en prisión y Laura, la terapeuta, ahora está embarazada de un niño y me ha prometido que va a ponerle el nombre de Ibrahim.

También me ofrecí como voluntaria en UNICEF para ayudar a las personas en todo el mundo. Y todavía estoy buscando a la familia de Ibrahim para ayudarles. Estoy muy contenta porque no me doy por vencida, aunque me han pasado cosas horribles. Quiero que la gente luche en su vida, incluso si su vida es el infierno. Dicen que a veces tienes que pasar por el infierno para llegar al cielo, y eso es lo que estoy haciendo.

 

Text
Meera M. Zarorr

Introducció 
Víctor Fernández Clares