Docuserie TV3

 

Vidas Estancadas es una serie documental que pone nombre y cara a las personas refugiadas. Los protagonistas son Ahmed, Khadija, Rasoul, Asia y Feras. Cinco personas que viven en la espera, impuesta e indefinida, de un campo militar. A lo largo de diez capítulos, veremos y viviremos su experiencia. Nos explicarán cómo es crecer entre rejas, añorar un pasado hecho añicos y desear que su vida pueda continuar. Porque vivir esperando significa vivir estancado. La vida de ayer se ha acabado y la de mañana es un interrogante.

 

A partir del miércoles 1 de febrero, cada noche después del Telenotícias. 

 

 

Más sobre la serie

Protagonistes

“A los europeos, si quieren ser rebeldes, les diría una cosa: que no se queden mirando las noticia y viendo solo lo que los gobiernos quieren que vean”
“Nadie quiere dejar su hogar si no es porque llegan los cuchillos para herirle."
"Si mi vida no se hubiera estancado por la guerra, viajaría al espacio, me haría médico... todo sería posible."
“Siento que todo lo que he vivido es negro. Y lo que estoy viviendo es negro. Lo que vendrá, no lo sé. Aún no he podido escribir esta página.”
“Mi vida se ha estancado. Pero soy padre. Soy abuelo. Soy responsabilidad. Salgo adelante por mis hijos y por los hijos de mis hijos.”
"El porqué, la localización, los protagonistas y el equipo."

Preguntas y mitos

Preguntas

El asilo es la protección que pueden pedir las personas a los estados si su libertad, sus derechos fundamentales o incluso su vida están perseguidos en el país de origen. Cuando una persona obtiene el derecho de asilo, el estado que se lo ha otorgado no la puede ni expulsar, ni devolver a su país ni extraditar.

En España, la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, en vigor desde 1978, deja claro que las personas refugiadas tienen los mismos derechos que cualquier otra. Y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales obliga al Estado a garantizar un nivel de vida adecuado a las personas refugiadas, incluidos la alimentación, la ropa y la vivienda, entre otras cosas.

El gobierno del Estado, que es quién tiene las competencias exclusivas.

Cataluña no puede otorgar el derecho de asilo a nadie, porque no tiene las competencias.

Ahora bien, las administraciones catalanas sí pueden hacer algo, y mucho. De entrada, el gobierno de la Generalitat y el Parlament pueden presionar al gobierno español para que cumpla los compromisos de acogida del Estado con la UE.

Además, la Generalitat puede trabajar para asegurar una buena acogida a las personas refugiadas, a través de las políticas de sanidad, educación, vivienda y asistencia social.

En todo esto, la Generalitat sí tiene competencias, porque la ley de asilo establece que las comunidades autónomas tienen que gestionar la atención a las personas solicitantes de asilo, en coordinación con el gobierno del Estado.

Porque no hay voluntad política. La Unión Europea tiene mecanismos para distribuir a las personas refugiadas en los estados miembros a través de programas de reubicación o reagrupamiento familiar. Pero los estados no hacen los deberes. Y algunos menos que otros. España, por ejemplo, se comprometió a acoger 17 337 personas y, en un año, tan solo ha llegado el 1 %.

En todo el mundo, solo diez países que representan menos del 2,5 % del PIB mundial —Jordania, Turquía, Irán, el Líbano y el Pakistán— reciben el 56 % de la población refugiada, según Amnistía Internacional.

Una persona tiene que dejar la tierra donde vive cuando se encuentra con que no puede desarrollar su proyecto personal o social, y esto puede ocurrir por muchos motivos:

  • La guerra. En cualquier conflicto, existe un sector de la población que no quiere implicarse como combatiente por ideología antimilitarista, responsabilidades familiares, miedos o simplemente porque no está a favor de la guerra. Ahora mismo hay 36 conflictos armados en el mundo y 83 situaciones de tensión, según la Escuela Cultura de Paz.
  • La pobreza, por la situación general del país, por la explotación de recursos por parte de compañías extranjeras y, en general, por las escasas posibilidades de desarrollo personal.
     
  • El cambio climático, que provoca catástrofes naturales, la desertización de regiones enteras y alteraciones del medio natural.
     
  • La ideología. En algunos países, hay ideologías perseguidas con amenazas de muerte o prisión.
     
  • La orientación sexual y la identidad de género. Hay personas que no pueden vivir libremente su identidad y su sexualidad, y tienen que huir de sus países, donde pueden ser perseguidas, discriminadas o, incluso, castigadas con pena de muerte. 

Sí. Las cifras son muy preocupantes. Según ACNUR, 65 millones de personas viven desplazadas en el mundo y, efectivamente, esto es un récord desde la Segunda Guerra Mundial.

Esto pasa porque hay guerras en Oriente Medio, ahora mismo en Siria, y las guerras son el motivo principal por el que una persona deja su casa. Y tenemos que recordar que estas guerras cuentan con la participación de potencias extranjeras, como países de Europa, Estados Unidos y Rusia.

 

Básicamente, tres:

  • Del Magreb hacia la frontera sur. Las personas migrantes cruzan desde Ceuta y Melilla hacia las costas españolas, y desde Argel hacia las francesas.
     
  • De Turquía hacia las islas griegas. Es un recorrido que, con pasaporte europeo, se hace en ferri, en una hora y con un billete que cuesta entre 5 y 20 euros. Con pasaporte sirio o de Oriente Medio, se cruza con una embarcación pequeña y peligrosa, cuesta entre 1000 y 2000 euros y el trayecto ya dura cuatro horas. La entrada en vigor del tratado Turquía-UE frenó esta vía y potenció la siguiente.
     
  • De Libia y Egipto hacia Italia. Aquí, las distancias son más largas, y la ruta más peligrosa. Las embarcaciones intentan llegar a Lampedusa o a Sicilia, pero muchas no lo consiguen y tienen que ser rescatadas por los guardacostas o por ONG internacionales.

A estas rutas por aguas del Mediterráneo hay que añadir otras que se hacen por tierra o por aguas atlánticas, como el paso por el canal de la Mancha y el campo de refugiados, recientemente desmantelado, en Calais (Francia).

 

Un gran retorno, y en muchos ámbitos.

La sociedad catalana no sería como es sin la herencia de todos los que han pisado y vivido en nuestra casa. La barretina es de origen turco, el tomate viene de América y las tapas son andaluzas. La cultura catalana es rica porque es un mosaico de aportaciones históricas. En lugar de negarlas, gestionémoslas, porque la elección de una religión y unas costumbres sea voluntaria y enriquecedora, no impuesta y sectaria.

Además, será bueno para la economía. Europa tiene una población envejecida. El principal motivo es la cultura de tener poca descendencia. La mayoría de culturas migrantes no solo aportan mano de obra para dinamizar la economía, sino también un futuro con posibilidades de una actividad económica viva y con futuro.

Tenemos que decirlo claro: Europa está vulnerando la legislación internacional de los derechos humanos. En vez de hacer esfuerzos para acoger a las personas refugiadas y establecer vías legales y seguras para que no pongan en riesgo su vida en el mar, la Unión Europea está demostrando una alarmante falta de humanidad.

Ha firmado un acuerdo con Turquía que implica negar el derecho de asilo a las personas y, si conviene, deportarlas. ¡Y alerta!, porque está negociando tratados igual o más oscuros con Libia y Sudan.

Hay de todo, pero todos son espacios con una concentración de gente sin posibilidades de desarrollarse social y personalmente. Las condiciones higiénicas son cuestionables y la comida no responde a las necesidades de cada persona. No se hace ningún trabajo de inclusión ni preparación. Si no fuera por el voluntariado, no habría ni escuelas. La gente se empobrece en todos los sentidos, porque no puede trabajar ni desarrollarse ni cultural ni socialmente.

Sí. En Europa vivimos 500 millones de personas y tenemos poco más de un millón de solicitudes de asilo. Esto significa aumentar el 0,2 % de la población. Hay sitio y dinero, pero no voluntad política.

Muchos ya quieren, pero no pueden. En Siria, por ejemplo, la mitad de la población ha sido desplazada. 7 de cada 10 no tienen agua potable, y el 50 % no come más de una vez al día. Se calcula que, después de la guerra, uno de cada cuatro niños desarrollará trastornos mentales, y que la economía del país habrá retrocedido 30 años. ¿No crees que tienen motivos para salir del país?

Mitos

 

En plena crisis, en Cataluña teníamos un 17 % de paro entre la población nacida en el país, y un 31 % entre la población migrante. Esto ya deja claro a quién castiga más el paro. Las personas que vienen de fuera tienen problemas para homologar los títulos que se sacaron en sus países, no tienen acceso a la educación durante la migración y, cuando llegan a un país nuevo, muy a menudo se aferran a cualquier trabajo, por mal pagado que esté. Por lo tanto, en vez de pensar si las personas migrantes o refugiadas nos quitan el trabajo, tendríamos que pensar cómo lo hacemos para garantizarles una mejor integración en el entorno laboral de Cataluña.

 

Estem vivint el més gran desplaçament de persones des de la Segona Guerra Mundial a conseqüència dels fets que ara s'estàn produïnt a l'Orient Mitjà, però hem de pensar que aquí encara hi hauríem de comptar totes les persones, els desplaçaments que s'han produït a Amèrica Llatina i que s'estan produïnt a Amèrica Llatina a partir de conflictes interiors i moviments que existeixen. Tots els que s'han produït al llarg dels anys de la descolonització d'Àfrica, els mateixos que s'han produït a Àsia o bé les circumstàncies més diverses, que molta gent ha hagut d'abandonar el seu territori, la seva casa, la seva vida, la seva gent, per sempre més, el seu horitzó vital. Però clar, hem de recordar amb importància que els catalans ho vam viure, això. Després d'una guerra civil provocada per un exèrcit facciós, 470.000 persones van estendre's per tot el món. Algunes van retornar però moltes es van quedar a fora, i aleshores algú ens va acollir.I hi ha una cosa que és la més injusta de totes les coses del món: aquests nens, aquestes nenes, aquests senyors, aquests ancians, aquestes famílies, tot el seu projecte vital, tota la seva vida, totes les seves circumstàncies, tot això és destruït per una injustícia. I tots, tenim dret a poder viure i trepitjar i conviure en aquest planeta que ens pertany a tots.

 

Las personas refugiadas no traen el terror; se escapan de él. Muchas veces, la prensa sensacionalista dice que «si aceptamos personas refugiadas, también vendrán terroristas». Es una mentira maliciosa. Los terribles atentados de París y Bruselas los cometieron personas nacidas y formadas en Europa. Y si grupos como Al Qaeda o Daesh quisieran enviar agentes desde Oriente Medio, se pondrían traje y corbata y viajarían en avión; no arriesgarían la vida en pateras.

En muchos casos, ya llegamos tarde. Muchas de las personas que buscan refugio en Europa no pueden esperar en sus países ni un minuto más, y necesitan salir de los mismos urgentemente. Es cuestión de vida o muerte.

Pero sí que podemos ayudarlos desde aquí, recordando, entre otras cosas, que nuestros gobiernos son responsables de muchas de las políticas que provocan las migraciones y las peticiones de asilo. Podemos presionar a nuestros gobiernos para que hagan políticas más justas, a nuestros bancos para que no inviertan el dinero en armamento y a las empresas para que no exploten a los países de donde sacan las materias primas o la mano de obra barata.

Las personas que escapan de una guerra o de la pobreza no necesitan exigencias de integración. Necesitan, como todo el mundo, una sociedad que los respete como personas. La experiencia general es que, si una sociedad realmente acoge a las personas refugiadas, estas se sienten a gusto y tienen ganas de forma parte de ella. Son las sociedades excluyentes las que crean guetos.

Sitio lo hay. En Cataluña hay más de un millón de personas de nacionalidad extranjera, muchas de las cuales han venido en los últimos años a vivir y a trabajar aquí. El Parlament de Cataluña se ha comprometido a acoger apenas 4500 personas refugiadas. La cantidad, respecto al conjunto de la población, es ínfima.

Pero es que, además, tenemos que recordar una cosa: durante la guerra civil, poblaciones catalanas como La Garriga triplicaron la población acogiendo a personas que huían del fascismo.

Dinero siempre lo hay según para qué. El año pasado, la Unión Europea dedicó a la oficina que se ocupa de los temas de asilo, la EASO, menos de 15 millones de euros. En cambio, el Frontex, la agencia que vigila las fronteras para que no entre nadie en Europa, recibió 114 millones. Y, en conjunto, los estados europeos dedicaron 300 000 millones de euros a gasto militar.

Los arquitectos catalanes que se van a Suiza, el personal médico que va a Inglaterra o los ingenieros que buscan trabajo en Alemania, ¿van a robar? ¿O van, simplemente, a buscar un futuro mejor?

Eso ya lo dijeron los nazis, y ahora lo dice Plataforma per Catalunya. Para los partidos de derecha y de ultraderecha, la nueva versión del lema es: «antes de acoger a refugiados, tendríamos que atender la gente de casa».

Pero precisamente los partidos que promueven estos argumentos tampoco hacen nada para mejorar los servicios sociales para la «gente de casa», sino todo lo contrario. No podemos poner vallas a la solidaridad.