“Si te paras a pensar, todos somos migrantes. El mundo está hecho así, y intentar pararlo no tiene sentido”

ENTREVISTA Özhan Önder, miembro de la plataforma Hamish (Estambul, Turquía), y Kira Bessa, miembro del colectivo Pipka Lesyos Solidarity (Lesbos, Grecia)

Özhan Önder es de Estambul y forma parte de la plataforma Hamisch, -Asociación Cultural Siria. Hamisch quiere decir literalmente “margen” en árabe, que es de hecho el lugar donde se considera que se encontraba la comunidad siria en Turquía: no tenían un lugar para reunirse y sentirse acompañados. Por eso decidieron organizarse y dar una respuesta a los refugiados que el gobierno no estaba dando. Esta realidad la conoce también Kira Bessa. Ella forma parte del colectivo Pipka Lesvos Solidarity, en la isla griega de Lesbos, que actualmente acoge a unas 200 personas. Aprovechando que estaban en Barcelona para participar en unas jornadas de Stop Mare Mortum y Lafede.cat, hablamos con ellos sobre cuestiones como el trabajo que hacen sobre el terreno, la forma de integrar a los recién llegados o el auge del racismo en la Europa de los valores.

Özhan: Lo más importante es que nosotros no somos una organización humanitaria. No estamos aquí para proveer bienes materiales a la gente que acogemos, sino que intentamos promover unos valores que ya están en la sociedad, a veces escondidos, y ayudar a combatir el racismo.

¿A qué te refieres?

Ö: Nosotros organizamos eventos muy sencillos, la mayoría de aspecto cultural, como por ejemplo sesiones de cine, abiertos a la población siria de Turquía, pero también a toda la sociedad. Bajo un pretexto bien simple, terminan siendo espacios donde las personas se pueden reunir, se conoce gente diversa. Y también acerca la ciudadanía turca a la nueva minoría siria y ayuda a luchar contra una cosa que creemos importante: la estereotipización de los refugiados.

Pequeñas acciones que acaban teniendo un significado muy importante.

Ö: Estambul es una ciudad muy grande, que acoge a mucha gente que ha huido de la guerra. En nuestros actos he visto a hombres abrazarse y llorar. Viejos amigos en su país de origen que hacía años que no se veían, a pesar de vivir los dos como refugiados en Estambul. Ha terminado viniendo mucha gente a nuestros eventos, son puntos de encuentro de la comunidad siria en el exilio.

¿Qué hacéis vosotros, Kira?

Kira: Nosotros empezamos como un movimiento social en contra de los centros de detención y las condiciones de los campos de refugiados en la isla de Lesbos. Al principio era un espacio autogestionado por voluntarios, queríamos crear una comunidad que organizase tanto a activistas como a refugiados. Cuando la situación humanitaria en Grecia se agravó, pasamos a hacer un poco de todo. Des del verano pasado, hemos empezado un centro cultural y de soporte que organiza actividades para recién llegados, pero también para la población griega.

“Forzar a los refugiados a integrarse en una lógica que sólo reconoce la cultura del país que los acoge”

 

Las dos propuestas dan mucha importancia al factor cultural, crear espacios comunes entre la población que acoge y la recién llegada. ¿Creéis que esto facilitará la integración?

Ö: Bueno, yo diría simplemente que puedan vivir aquí. El discurso de la integración es una cosa de la cual deberíamos intentar deshacernos.

¿Por qué?

Ö: El discurso de la integración presupone que el refugiado que viene aquí debería estar obligado a aprender y asimilar la cultura del país de acogida. El error viene al no pensar que esto debería ser un proceso mutuo. La mayoría de la gente en Turquía también se tiene que acostumbrar a vivir con la población siria, por ejemplo, que, de hecho deberíamos considerar ya una minoría del país. Es decir, no puedes forzar a los refugiados a integrarse en una lógica que sólo reconoce la cultura del país que acoge. Queremos ser abiertamente acogedores con la gente tal y como es.

¿Como vivís este proceso en Grecia?

K: Grecia, como Italia, es un caso un poco diferente respecto al de Turquía, porque se acostumbra a ver como un punto de tránsito para las personas que vienen. Se piensa que estarán en el país de forma transitoria. La gente que llega a menudo tiene la idea de haberlo dejado todo atrás, han dejado atrás Turquía, y en Europa esperan una cosa nueva.

Que de hecho no acaba de llegar...

K: Pero es que además las políticas respecto a las personas que viven en los campos cambian cada semana. A algunos se les ha permitido viajar a Atenas, a otros no… El número de refugiados en los campos de las islas griegas ha crecido mucho, y toda esta gente continua viviendo en la incertidumbre absoluta, respecto a su futuro, a los trámites… Me pongo en su lugar y yo también estaría cabreada.

K: Al final, para superar esta situación dramática tienen que crear una vida nueva. Al final tienes que avanzar. Como sea. Deben tener la posibilidad de hacer su vida, de la forma más parecida posible a como lo era antes de irse. Por eso intentamos crear algo común entre la gente que acaba de llegar y la gente que acoge.

Titolet “El gran objetivo es hacer que la gente se de cuenta de la importancia de involucrarse y participar en estos espacios”

 

Hace poco defendíais que la respuesta de las entidades autogestionadas es más efectiva que la de las instituciones políticas formales.

K: Quizás generalizamos un poco, pero creo que a veces todos los procesos a través del Estado o grandes ONG se acaban convirtiendo en un juego, un gran negocio. En Pipka nos centramos sobre todo en trabajar directamente con la gente para actuar lo más rápido posible. A menudo las instituciones tienen demasiada burocracia, están estructuradas y fundamentadas a este modo de funcionar. Y esto las limita mucho para actuar.

O: En parte por eso actuamos al margen de las instituciones. Nos limitarían mucho. Si te centras en repartir cestas de comida, por ejemplo, y olvidas el resto, esto se acaba convirtiendo en el único contacto entre los refugiados y la gente que acoge.

“El auge de la xenofobia se ha convertido en un gran problema en Grecia. Se pueden ver ejemplos cada día”

 

Son soluciones no naturales, temporales…

K: Claro. Y el problema se cronifica y se crea un negocio entero a su alrededor. Creo que el gran objetivo que tenemos también es hacer que la gente se dé cuenta y entienda la importancia de involucrarse y participar en estos espacios comunes.

O: Y pienso que es necesario combatir también esta concepción caritativa de abordar la cuestión de los refugiados. Demasiadas veces ha sido la manera de dar la bienvenida a quien viene de fuera, y pienso que debe ir más allá. Sino, no puede haber una relación entre iguales.

K: ¡Exacto! En esta relación caritativa se pone al refugiado en una posición por debajo respecto a la sociedad que lo acoge. El hecho de señalarlo como aquél que tiene el problema y nosotros los que tenemos los “recursos” para ayudarlo, es fácil que nos sitúe en una posición de superioridad moral respecto a estas personas. Creo que es un hecho que deberíamos vigilar.

“La gente contraria a los movimientos xenófobos y a favor de acoger a refugiados no se está visibilizando suficiente”

 

Vosotros que trabajáis sobre el terreno, ¿cómo veis el auge de la xenofobia?

K: En Grecia especialmente se ha convertido ya en un gran problema. Y no para de crecer. Se pueden ver ejemplos serios cada día. Hay persecución a los refugiados y se los trata de forma denigrante.

A las organizaciones también os hacen el trabajo difícil.

K: Desde que Lesbos comenzó a salir en los medios, se empezó a señalar quién debería estar en la isla y quién no. Y sí, parece que ser miembro de una plataforma de solidaridad con las refugiadas se ha convertido casi en un crimen. La reacción de la policía y de algunos sectores sociales a menudo va muy en contra nuestra. Y no de forma educada…

“Debemos intentar acoger a la gente tal y como es, no forzándola a ser idénticos a nosotros”

 

Pero también hay gente que ve bien el trabajo que hacéis…

K: Creo que la gente contraria a los movimientos xenófobos y a favor de acoger a los refugiados no es lo bastante visible. No se está visibilizando suficiente. En Lesbos quizás sí que poco a poco la gente se empieza a mover, pero es que tienen que convivir con esta situación cada día…

Ö: Es que además, ser refugiado es un derecho básico. Pero desde que la palabra “refugiado” ha empezado a adquirir una connotación negativa, alguna gente quiere desentenderse y no lo quieren llevar como si fuese una identidad. El término refugiado debería garantizar una serie de derechos internacionales y no se está dando el caso.

La inmigración y el movimiento de personas entre países es un fenómeno que se ha producido durante siglos. ¿Cómo veis el modo como se está gestionando?

K: Para mi, la migración es una cosa única, de la cual tenemos que encontrar todas las partes positivas. Ahora pasan cosa difíciles pero también es una gran oportunidad para empezar otras realmente buenas.

Ö: Toda la civilización está constituida por estas migraciones. No es un fenómeno de la última década. Si te paras a pensar todos somos migrantes, -hijos, hijas, nietos, bisnietos de migrantes. El mundo está hecho así. Intentar pararlo es … (se ríen) un sinsentido. Debemos intentar acoger y aceptar a la gente tal y como es, no forzándola a ser idénticos a nosotros.

K: Pienso que, en el momento en que nos demos cuenta que todo el mundo es inmigrante, probablemente todo será más fácil. Demasiadas veces pensamos demasiado en el presente y olvidamos fácilmente nuestro pasado. Y no sabemos qué nos puede pasar a nosotros mañana.

 

Texto y fotografía

Joan Aleix Mata