Los movimientos sociales coordinados, claves contra la Europa fortaleza

Unas jornadas organizadas por Stop Mare Mortum y LaFede reúnen en Barcelona plataformas y colectivos de Europa y África
 
 

La sociedad civil tiene más poder del que se piensa, pero es necesario coordinarse. Sólo una red bien organizada entre entidades y movimientos sociales, del norte y del sur del mediterráneo, que defiendan la libre circulación de las personas podrá combatir la llamada Europa fortaleza. Una Europa que ha cerrado fronteras y que hace la vista gorda a la vulneración de los derechos humanos, con políticas cada vez más restrictivas contra la realidad migratoria. Con esta premisa, colectivos de todo el Mediterráneo se han citado durante dos días en las Cotxeres de Sants, liderados por Stop Mare Mortum y LaFede, con el objetivo de tejer complicidades en favor de la movilidad internacional. “La resistencia es posible”, asegura con su inglés germanizado Harald Glöde, miembro fundador de Borderline-Europe, una asociación que trabaja para ofrecer información pública y crear redes europeas para presionar a los gobiernos nacionales y a la UE. Ejemplos de esta resistencia son, según Glöde, las 13 embarcaciones que cada día salvan vidas en el mediterráneo en una Europa que se está “militarizando en una guerra contra los refugiados”.

En la misma mesa redonda, Andre Romial Kenmogne de ADYNE, una plataforma de organizaciones de jóvenes africanos que viven en Europa, remarca que “es necesario remar en la misma dirección, en beneficio del mundo, a través de la transparencia y la correcta información”. Una opacidad sobre la cuestión migratoria que también denuncia Tcherno Hamadou Boulama, de Alternative Espaces Citoyens de Nigeria. Para combatirla, reclama una información que vaya más allá de los gobiernos y de unos medios de comunicación del norte del mediterráneo “que ofrecen una información muy distorsionada y con muchos clichés”. Eso sólo se conseguirá, según Harald Glöde, a través de la recogida de una información “verídica” y “no interesada” por parte de una sociedad civil que trabaje en red internacionalmente. “El objetivo es explicar qué pasa realmente y concienciar a la ciudadanía para que países como el mío, Alemania, cambien las políticas de asilo”, ha sentenciado.

Esta colaboración entre norte y sur del mediterráneo debe servir también, según Kenmogne, para desenmascarar las mafias que trafican con todas esas personas que pagan un pasaje para llegar a la costa europea “víctimas de la violencia de la corrupción organizada”, añade Boulama. El activista africano aposta por continuar con “el trabajo de deconstrucción” del discurso de la gestión de la inmigración y que hace del migrante “una amenaza relacionada con el terrorismo”.

Un hecho migratorio que, según Glöde, es culpa en parte de Europa, que empobrece los países africanos con acuerdos comerciales que “se tendrían que revisar”. “Si la brecha entre países ricos y pobres se hace todavía mayor, habrá más inmigración”, ha señalado. Aquí, Romial Kenmogne reclama, además, la implicación de los países africanos. “Europa no tiene la solución. Si los gobiernos africanos dieran trabajo a su gente, no habría este problema de emigración”, ha destacado.

Texto: Carina Bellver. Fotografía: Stop Mare Mortum.